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Cenizas al conocerme

Corro al darme a conocer y me quedo al desconocerme. Y es así como llegue a dar nuevamente con este camino solitario, acompañado únicamente por mi presencia y por un bosque andino el cual me ayuda a ocultarme más entre sus colores verdosos y árboles tan grandes como fuerza. Siento como nos mezclamos el viento frio al andar y mis pies cansados de tanto caminar.  

Sin embargo, puedo llegar a notar otro tipo de presencia más salvaje, tan parecida y distinta a la mía, pero con el mismo ímpetu y desconfianza. Continúo caminando con mi elegancia nata, adentrándome cada vez más adentro del camino que poco a poco va perdiendo su forma. Tal y como la estructura de las raíces a mi alrededor. Puedo sentir cada vez más cerca su presencia, como me pone a prueba constantemente, retándome a que vuelva al camino principal. Nunca di un paso en mi contra y no pienso empezar en este momento.  

Por el rabillo de mi ojo puedo notar como entre las duras ramas de los árboles se encuentra el pero aun así no se deja ver del todo. Tentándome a mirarlo de enfrente o volver al sendero. Como si fuéramos la misma persona se acerca más a mi campo visual pero solo para ser capaz de observarme con tanta desconfianza e ira como si estar en este lugar solo le pertenecería a él.  

El único lenguaje que tenemos para conectar es nuestro cuerpo y tanto el como yo no nos pensamos dar a conocer. Mirándome con sus ojos rasgados como su verdadera presa ni siquiera soy yo, solo es por pura diversión de demostrar lo que posee. Sus patas rojizas y negras como la noche que se acerca están posicionándose para atacarme en cualquier momento. Pero a este punto prefiero que me quede la marca de un ser que sabía lo que quería y quien era. Porque podía jurar que esos ojos tan fríos como el viento y mi presencia estaban reconociéndose. La única marca de momento era que el zorro estaba dándose a conocer con su pelaje tan rojo y negro como su presencia tan dominante y solitaria.  

Una nueva presencia nos empezaba a acompañar, pero esta era la luna, la verdadera fase de su propio camino. Mirando una vez más a esos ojos tan poderosos como cansados, empiezo a lentamente agacharme sintiendo la pesadez de mi ropa negra al moverme. Me imita por reflejo y se coloca a una distancia considerable pero aun así lo suficiente cerca como la obsérvanos con atención. El sigue tratando de analizar que voy a hacer como yo lo sigue intentando con el pero mi único objetivo es prender el fuego. 

Nuevas presencias me rodean, pero todas son la misma en distintas perspectivas. La luna nos muestra las distintas fases que hacemos a lo largo de nuestra vida, sin embargo, esta no se muestra cuando la luz se encuentra. El bosque al compás de sus raíces y senderos nos enseña a crecer sin importar la valentía que creamos y creemos que poseemos, pero sobre todo a continuar avanzando en nuestro propio camino. Sin ser la última presencia es la que menos y más notamos, nuestro fuego. Es aquella que nos lastima, pero nos protege, la que hace que se alejen los peligros, pero se acerquen a atacar. Y la noche es aquel lugar que nos oculta, pero a causa de esto nos quedamos sin compañía alguna. Sin embargo, la presencia que más me llama la atención pero que algo en mi me avisa contantemente que me aleje es el zorro colorado. Es la mezcla perfecta de todas las anteriores, pero también tan parecido a mi después de todo.  

Así que terminamos en donde empezamos, corriendo por darme a conocer. Dejando a mi paso las cenizas de ese fuego interior que me dejaron unos ojos tan negros como los secretos que nos contamos en esa noche acompañados y al mismo tiempo alejados de la luz de nuestra fase.  

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Norma lucero
Norma lucero
4 dias atrás

Lectura que endulza mi alma